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A
los pocos minutos de saltar al campo junto a Bebeto, que formó parte
del equipo campeón en el Mundial de 1994, para disputar un partido
amistoso entre representantes de la FIFA y del Comité Organizador Local
de Brasil,
Jonathan Rodrigo, obrero de la construcción, reconoce que jamás habría
pensado ni por un momento que formaría parte de los preparativos para el
torneo futbolístico más importante del mundo. Es la emoción que se
presupone de alguien que acaba de tener la oportunidad de jugar al
fútbol con uno de sus ídolos de la infancia; en el caso de Rodrigo,
además, sus palabras evocan una situación particular.
Este
joven de 25 años es uno de los 60 reclusos y exreos elegidos para
trabajar con personal ordinario en seis estadios del Mundial como parte
del programa nacional de rehabilitación “Començar de Novo”.
Lanzado
en octubre de 2009 por el Consejo Nacional de Justicia (CNJ), este
proyecto ofrece a los participantes la posibilidad de retomar sus vidas
con la ayuda de un trabajo digno. En enero de 2010, recibió el
espaldarazo definitivo cuando el Comité Organizador Local Brasil
2014, el Ministerio de Deportes y las doce sedes y sus respectivos
Estados firmaron una declaración de intenciones para incluir a
participantes de “Començar de Novo” en la construcción de los estadios
del Mundial.
“El principio del derecho al trabajo de los presidiarios ha formado parte de la legislación penal de Brasil
desde 1984, pero lo que hizo el programa 'Començar de Novo' fue
institucionalizar este concepto y en ese momento fueron varias las
empresas que no dudaron en sumarse a la iniciativa –explica Luciano
Losekann, juez federal y coordinador del departamento del CNJ encargado
de controlar y supervisar el sistema penitenciario de Brasil–.
Con la incorporación del Mundial de la FIFA al programa se crearon
evidentemente muchos puestos de trabajo que permitirán en el futuro
devolver la dignidad a estos convictos y reinsertarlos en la sociedad”.
El orgullo del Pantanal
Se nota orgullo y dignidad cuando Rodrigo describe su papel en la construcción del Arena Pantanal de Cuiabá, el nuevo estadio multiusos que acogerá cuatro partidos de la fase de grupos del Mundial.
Se nota orgullo y dignidad cuando Rodrigo describe su papel en la construcción del Arena Pantanal de Cuiabá, el nuevo estadio multiusos que acogerá cuatro partidos de la fase de grupos del Mundial.
“Trabajo
en el departamento medioambiental –explica antes de describir
minuciosamente su labor con palabras claras pero precisas, como si fuera
uno de los ingenieros a cargo del diseño del ambicioso plan para
eliminar toda emisión de carbono del estadio–. Nuestra meta es ahorrar y
reutilizar energía, así como reducir los niveles de contaminación.
Además, superviso el trabajo y a menudo tomo la iniciativa; por ejemplo
cuando algún motor supera su emisión de combustible permitida, tengo que
reducirla y recoger todo residuo generado”.
La
elocuencia de Rodrigo en un tema tan técnico da buena cuenta de la
formación que es parte esencial del programa. Desde que se unió al grupo
de empresas que construyen el Arena Pantanal, el exrecluso ha superado
un periodo de formación de seis meses que incluye ocho semanas de clases
teórico-prácticas como miembro del equipo medioambiental. “Entonces
entendí lo que queríamos lograr con el estadio –explica Rodrigo–. Es una
forma hermosa de ver la construcción”.
Una prisión diferente
Los constructores del estadio de Cuiabá no solo son ejemplo de un enfoque respetuoso con el medio ambiente, sino que además han dado un paso más dentro de este programa con reclusos al incorporar otro proyecto de reinserción social. En mayo de 2011, la ciudad aprobó adoptar la iniciativa “Ação Integrada” con la que ofrece las mismas condiciones dignas (formación profesional, un trabajo adecuado, un salario mensual y alojamiento) a 25 trabajadores que han sufrido otro tipo de reclusión: la esclavitud.
Los constructores del estadio de Cuiabá no solo son ejemplo de un enfoque respetuoso con el medio ambiente, sino que además han dado un paso más dentro de este programa con reclusos al incorporar otro proyecto de reinserción social. En mayo de 2011, la ciudad aprobó adoptar la iniciativa “Ação Integrada” con la que ofrece las mismas condiciones dignas (formación profesional, un trabajo adecuado, un salario mensual y alojamiento) a 25 trabajadores que han sufrido otro tipo de reclusión: la esclavitud.
Puede parecer insólito hablar de este tema hoy día, 124 años después de que se aboliera la esclavitud en Brasil, pero, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo de Brasil,
se “liberó“ a más de 2 600 personas en 2010 de condiciones laborales
que difícilmente podrían describirse de otra forma que no fuese como
esclavitud; muchas trabajaban en granjas apartadas en las regiones norte
y centro-oeste de Brasil.
Nivaldo
Inácio da Silva es uno de los 25 obreros de Arena Pantanal que fueron
rescatados por “Ação Integrada”. Todos recolectaban algodón o cortaban
caña por pagas misérrimas –o por ninguna paga–, viviendo en condiciones
infrahumanas en las granjas.
“Recuerdo
cuando nos llevaron por primera vez al llamado alojamiento, donde no
había camas, ni agua potable ni alimentos –relata Inácio–. Al día
siguiente nos dijeron lo que sería nuestra faena diaria: recolectar
3 600 m de algodón para ganar ocho reales brasileños. Después de una
semana, decidimos rebelarnos contra el propietario de la granja y
pedirle mejores condiciones de trabajo. Nos llevó a todos a la ciudad
con 200 reales en el bolsillo y nos dijo que regresáramos a casa“.
Más que un trabajo
Por suerte para Inácio, cuando él y los otros regresaron al distrito de Nossa Senhora do Chumbo, a unos 45 kilómetros al oeste de Cuiabá, la gente de “Ação Integrada” había comenzado a reclutar obreros para el Arena Pantanal. Con una mujer y cuatro niños que mantener, buscaba con desesperación cualquier trabajo, y al fin y al cabo consiguió mucho más que solo eso.
Por suerte para Inácio, cuando él y los otros regresaron al distrito de Nossa Senhora do Chumbo, a unos 45 kilómetros al oeste de Cuiabá, la gente de “Ação Integrada” había comenzado a reclutar obreros para el Arena Pantanal. Con una mujer y cuatro niños que mantener, buscaba con desesperación cualquier trabajo, y al fin y al cabo consiguió mucho más que solo eso.
“Ahora no
solo tengo trabajo, sino uno que da buenas comidas, buen alojamiento y
respeta mis derechos laborales –explicó con alegría–. Además, me han
dado la oportunidad de hacer realidad uno de mis sueños: aprender a leer
y escribir”.
Conociendo la famosa pasión por el fútbol de Brasil,
era claro que la organización de la Copa Mundial de la FIFA™ se
convertiría en un momento inolvidable para millones de brasileños. No
obstante, lo que a veces pasa inadvertido en los preparativos cotidianos
para el gran espectáculo es cuántas vidas están siendo transformadas en
la gestación del gran acontecimiento futbolístico.
“Sé
que mi trabajo en el estadio del Mundial terminará algún día –comenta
Rodrigo-. Pero la formación y la experiencia adquiridas, aparte de los
cambios en mi vida, todo eso siempre me acompañará. Este proyecto
significa más que una oportunidad única en mi vida. Es la llave que
abrirá otras puertas en mi futuro”.
TOMADO DE: http://es.fifa.com
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